Esa noche, Elena se sentó frente a la ventana con una pregunta clavada en el pecho: “¿Y si nunca lo logro?”. Había trabajado, estudiado, intentado. Le faltaba algo que no sabía nombrar: una fuerza que ordenara sus pasos, apaciguara su mente y encendiera su fe. Aprendió dos llaves que, juntas,…

